Fraude Arqueológico

Desde que se enunciara la teoría de la evolución y la evolución del ser humano la comunidad científica buscó pruebas materiales que convencieran a los escépticos, se obsesionaron con el engañoso concepto del eslabón perdido. Digo engañoso porque cada vez que se encontraba un “eslabón” faltaba el anterior y/o el siguiente. Parecían no darse cuenta de que la cadena esta formada por millones de eslabones que representan a otras tantas generaciones que se han sucedido desde que una pionera familia de monos decidió que prefería vivir en un bajo “estaban muy bien de precio porque había poca demanda por los depredadores y eso…” dicen que comentó la madre.

Piltdown copiaLa fiebre por el eslabón perdido se desató entre los frikis hijos de la ilustración. La fama, el prestigio y el dinero se repartieron entre los afortunados que encontraban restos de nuestros antepasados. Inmerso en este ambiente, en 1912, el arqueólogo aficionado Charles Dawson, junto con el paleontólogo Smith Woodward presentaron unos restos a los que llamaron “el hombre de Piltdown”. Se trataba de un cráneo con mandíbula. Durante 45 años el hallazgo se consideró uno de los más importantes pero poco a poco se convirtió en la pieza del rompecabezas que no encajaba en ningún lado. Finalmente, se demostró que el hallazgo era falso, el cráneo correspondía a un hombre y la mandíbula a un simio, probablemente un orangután. La estafa retrasó las investigaciones sobre el origen del hombre de una forma inmensurable. Había varias personas implicadas en la trama además de Dawson y Woodward. Se habla de la implicación de Martin Hinton, conservador del museo, Teulhard de Chardin, sacerdote jesuita, e incluso Sir Arthur Conan Doyle.

Puede que sea este uno de los casos más famosos de estafadores que para su propio beneficio provocan la involución de la ciencia arqueológica pero no es ni mucho menos el único. Los saqueos de yacimientos están a la orden del día y el tráfico de piezas arqueológicas es uno de los negocios ilegales más rentables, tras las armas, las drogas y la prostitución, pero en este caso, miembros de la comunidad científica, aprovecharon sus conocimientos para obtener beneficio económico a costa del desarrollo de la ciencia.

Pero no hace falta irse tan lejos para encontrar arqueólogos que pretenden colarnos falsificaciones. En 1990,Zubialde copia Serafín Ruiz Selfa, arqueólogo aficionado a la espeleología y muy interesado en las técnicas artísticas “descubrió” una imponente colección de pinturas rupestres en la cueva de Zubialde, en el Gorbea. La presentó al año siguiente. Entre la exuberante colección de pinturas se encontraban animales extintos en la zona y dibujos en perspectiva, un par de detalles que rompían con todo lo conocido hasta el momento. Si bien en un principio, el hallazgo se dio por bueno y Serafín recibió una sustanciosa recompensa, una investigación más exhaustiva demostró que las pinturas eran contemporáneas al detectarse fibras de estropajos Vileda y Scotch Brite. El señor Ruiz Selfa había pintado todas las pinturas con sus propias manos y utilizaba el estropajo para darle aspecto de envejecido. En 1995 fue condenado por estafa pero ya había conseguido minar el prestigio de los arqueólogos que lo creyeron en un principio.

IrunaVeleia copiaPero el caso más extraño es el de Iruña-Veleia, una ciudad romana próxima a Vitoria-Gasteiz. En el año 2006, el director de la excavación Eliseo Gil, presentó una serie de grabados que en apariencia resultaban inverosímiles pero que tras analizarlos con cuidado demostraban ser una burda patraña. Entre los grabados había:

-Inscripciones en latín modernizado, euskera batua, jeroglíficos egipcios sin sentido ni estructura y palabras como Nefertiti que no existían antes de la edad contemporánea.

-Una imagen del calvario (la primera si fuera autentica) en la que se leía RIP en vez de INRI.

-Una serie grabados con iconografía totalmente actual (en uno de ellos reconozco el cuerpo del personaje de comic Clara de Noche).

En 2008 una comisión de 26 expertos echó por tierra la autenticidad de la investigación. A pesar de ello se creó la asociación “SOS Iruña-Veleia” para defender lo indefendible. A diferencia de lo ocurrido en Zubialde, aquí el intento de estafa era tan burdo que nos planteamos, ¿quién introdujo esos grabados de strangis y con que intención?, ¿alguien se cegó en su afán por recibir comisiones o fueron enemigos del director los que montaron la farsa para quitarlo de la escena científica? Que la investigación evolucione, lo sabremos con el tiempo.

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