La mentira y los falsos

¿Quién mintió por primera vez?

¡Já! Eso no lo sabemos…lo que sí sabemos es que para que algo sea cierto o falso debemos recurrir al conocimiento. “Sólo mediante el conocimiento llegaremos a la verdad”, se decía antiguamente. Y no hay duda, los antiguos se preocupaban por ello…¿Todos? ¿Siempre? No amigos…no. Hubo una época, nos cuentan, en la Antigua Grecia que existían unas personas que anhelaban vivir bien y con sabiduría, los Sofistas. Lo que ocurrió es que por interés, por desconfianza o por pura ignorancia se pervirtieron. Así que, se puede decir, aunque se trata de una opinión personal, que con el paso del tiempo los sofistas se convirtieron en lo que hoy día conocemos como un gran número de políticos o abogados y que a la pregunta: ¿Qué es lo más justo? responden: Lo más ventajoso según cada momento”. ¿No es eso ocultar la verdad?

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Hagamos una cosa, viajemos a la Atenas del siglo V a.C. para conocer mejor a estos vendedores del saber, los sofistas, del griego sophía, ‘sabiduría’ y sophós, ‘sabio’. En esta época, Atenas era muy dada a utilizar la Ley del Ostracismo, y aplicando dicha ley, uno podía verse desterrado por varios años de su ciudad. Esto a su vez explica la popularidad de que gozaron los sofistas por parte de una clase y la hostilidad por parte de otra. Así instruían a jóvenes en asuntos públicos, para que tomasen parte en la política activa, pero también enseñaban, como ya se ha dicho, trucos ventajosos a cualquiera que precisara ayuda en un juicio. Los Sofistas, que no eran atenienses sino que venían de otras ciudades griegas, tenían un sentido práctico de la enseñanza: pretendían inculcar la “Areté, es decir, una virtud, pero entendida en la política. ¿Con qué armas? Con la retórica: saber utilizar el lenguaje escrito o hablado, y la dialéctica: el arte de saber conversar, ambas entendidas para un beneficio personal. Así, y según Protágoras de Abdera, el más famoso de los sofistas, “se conseguía hacer fuerte el argumento más débil”. En lo que se refiere a doctrinas filosóficas, los sofistas compartían el escepticismo, que podemos resumir como una desconfianza respecto a la posibilidad de un conocimiento universal, y el relativismo, que hace depender de cada persona cualquier conocimiento. Vamos, que tenían más cara que espalda. Pero no estaban solos, no. En esa época, y en esa Atenas, vivía un hombre que era como un grano en el culo para ese nihilismo tan sutil, se llamaba Sócrates. Bueno, de nombre Sócrates, de nombre verdad o conciencia, pero no le llamemos Mentira.

Saludos,

Un Estudiante

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