El monstruo normal

Me contó un estudiante que hoy lo bizarro es bizarro. El mundo se volvió del revés en algún momento antes de que naciéramos. Y es que, en el universo, lo único normal es la anormalidad. Es por eso que me preocupo mucho cuando escucho a nuestro presidente soltar su frasecita. Me refiero a cuando dice que su “gobierno se preocupa de lo que se preocupa la gente normal”. Así que, si tú tienes una inquietud política que no se contempla en el programa del partido, eres un anormal y tu opinión no merece consideración.

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¿Y quién es normal?¿Tú?¿Yo?¿Los Inuits? Hay gente que construye sus casas con mierda y no ven nada extraño en ello. La gente normal no existe, todos hacemos cosas que a otros les pueden resultar bizarradas. Si hubiera alguien tan normal que no pudiéramos advertir ninguna rareza en él, ese alguien sería raro por su normalidad. Y voy más allá, el término <<normal>> no significa absolutamente nada cuando dejamos de mirarnos el ombligo y echamos un vistazo a nuestro alrededor.

“Entonces, ¿a quién se refiere Mariano, para quien gobierna?” La respuesta es, señoras y señores, tachan-tachan… el mismo para el que el Corte Inglés hace sus anuncios. “¿Y ese quién es?¿Yo?” Pues no vas desencaminado. El engendro al que dirigen su atención es esa especie de Frankenstein teórico que nace al unir los resultados de los estudios de mercado. Un monstruo creado a partir de trozos de personas reales y deseos primarios, todo metido con calzador en un solo cuerpo. Un monstruo tomado como modelo deseable. No es que seas tú, es que van a intentar por todos los medios que quieras serlo. Para eso lo maquillan, lo disfrazan de normalito pero Franki es muy guapo, muy listo y muy alto. Además de follar mucho, cría a sus hijos a lo Supernanny y gana suficiente dinero como para comprarse un enorme coche a juego con sus atributos. “¡Joder, pues sí que quiero parecerme a él pero yo no tengo todo eso que has dicho!” No te preocupes que para eso está la publicidad. Cuando sientas un vacío en tu vida mira los anuncios, ellos te darán las respuestas que no sabias que estabas buscando. Dime que te apasiona y te diré como voy a sacarte dinero.

El mensaje es: consume para sentirte parte del grupo o para medrar en él, trabaja el resto de tu vida para pagar tus deudas y nosotros prometemos mantenerte con el agua al cuello. Ni más arriba ni más abajo, mientras no molestes mucho. Aunque no siempre cumplen sus promesas. ¡Qué bien hablaste, Evaristo, cuando dijiste que siempre te ofrecen algo nuevo que comprar! Esa es la clave. “¿El pájaro?” No, me refiero a otra canción, “Tengo una chica muy ye-ye” de la Polla. Las carencias sociales, espirituales y afectivas se suplen consumiendo de forma compulsiva. Relajan tu animo y acallan tu conciencia. Se encargan de que des beneficios y no molestes; y luego te mueres (y tus allegados pagan tu última factura). ¿Quién se encarga?¿Te estás poniendo “conspiranoico”? Ojala pudiéramos señalar a una persona o un grupo responsable, pegarles un tiro y que todo se encauzara como por arte de magia pero el chanchullo está mejor montado que eso. El problema está dentro de cada uno de nosotros y lo hemos mamado desde pequeñitos. El problema es esa pequeña parte de nosotros mismos que los estudios de mercado sacan a la luz. El problema es la persona normal que la inercia del mercado crea, la que quiere ser como Franki ¿Soy raro?

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