Crónicas de 9000

Son las siete de la mañana y mis compañeros de celda duermen. Más allá del muro, escucho una voz que grita: “¡Plástico! ¡Plástico!”. Es la señal que esperaba. Saco mi camiseta negra por la ventana y la agito hasta que dejo de escuchar los gritos del correo clandestino. En una hora empezará el barullo diario. Tengo poco tiempo si quiero escribir el artículo sin que nadie me vea.

Os voy a contar como es la vida aquí. El plástico me rodea y forma parte de mi vida carcelaria. Los objetos de plástico son de las pocas cosas que los guardias no te quitan cuando hay un registro.

Son de plástico las chopinas (fiambreras) con las que recogemos nuestras raciones diarias a través los barrotes de la puerta. Estos recipientes no nos los proporciona el estado marroquí sino que se reutilizan los que llegan de las cocinas de las familias de los presos. También los utilizamos para almacenar la comida porque un cierre hermético es una de las pocas cosas que mantiene a raya a las cucarachas.

cARCELTETUAN

Carcel de Tetuán

Para ducharme sujeto una garrafa de agua sobre mí cabeza. La lleno una vez antes de enjabonarme y otra para aclararme. No hay duchas en las celdas, sólo un baño para cada quince presos que se compone de un agujero en el suelo y un grifo de agua fría. Una vez a la semana abren las duchas pero yo no las uso ya que la caldera está rota desde siempre y aquí está mal visto ducharse en pelotas delante de otros así que tienes que ducharte con calzoncillos.
A lo que más provecho le sacamos es a las bolsas de plástico. Sirven para enmangar los cuchillos con los que preparamos la comida (aunque todos los días hay derramamientos de sangre, no he visto a nadie agredirse con ellos), revestir cables para hacer empalmes con los que proporcionar electricidad a toda la celda, empaquetar las dosis de diversas drogas… Yo hago pequeñas tiras y las utilizo como seda dental, que no existe aquí dentro. Es más, a juzgar por las dentaduras de los presos, es posible que nadie sepa lo que es la seda dental.

Para los que no tenemos dinero, reutilizar y fabricar cosas con los desechos nos ayuda a sobrevivir, pero a la mayoría le gusta aparentar que tienen más de lo que tienen y tiran una gran parte de la comida. Los cubos de basura, que se vacían cada mañana, rebosan antes de que caiga la noche. La pobreza se niega a sí misma para perpetuarse.

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