Días Felices II

 

Para continuar con la lista de películas que más felicidad me han provocado no puedo olvidarme de mencionar las grandísimas películas de terror que produjo la Universal en la edad dorada del género (Drácula,El hombre invisible,Frankenstein,etc…) todas ellas realizadas en los años treinta y cuarenta.Si bien hoy resultan inofensivas no se puede negar la fuerza icónica que desprenden.Hoy por hoy,setenta años después,cualquiera que piense en el monstruo de Frankenstein ve a Boris Karloff caracterizado de éste por el genio del maquillaje Jack Pierce (creador, entre otros, del Hombre-Lobo,la Momia…) y cualquiera que piense en Drácula ve a Bela Lugosi hipnotizando con su mirada a algún/a incaut@.

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Así, casi simultáneamente surgió otra edad dorada: la del cine negro o film noir o pelis de gángsters,¡vamos!. Hampa Dorada (Little Caesar,1930) protagonizada por Edward G.Robinson y dirigida por Melvin LeRoy ya dejaba ver las bases del género: ascensión y caída de un gangster,implacables detectives,contrabando de alcohol,thompsons a go-go,mucha violencia y esa estética de claroscuros directamente deudora del expresionismo alemán. Un año después William A. Wellman hacía lo propio con James Cagney como protagonista en El Enemigo Público (The Public Enemy,1931).

Scarface (1932) protagonizada por Paul Muni dirigida por Howard Hawks y producida por el magnate Howard Hughes es una de las mejores películas del género negro.Una violenta cinta que se inspiraba en la vida del por entonces capo de la mafia de Chicago, Al Capone.

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La lista de mis películas favoritas de este género sería interminable,pero me voy a atrever a nombrar mis dos preferidas, ambas dirigidas por Raoul Walsh y protagonizadas por James Cagney,la absolutamente maravillosa Los Violentos Años 20 (The Roaring Twenties,1939),y Al Rojo Vivo (White Heat,1949),esta última considerada por muchos la mejor del género ,así como la que lo clausuraba.

Por último, no podía dejar de mencionar lo que más felicidad me ha hecho a través de una pantalla: la trilogía de El Padrino (The Godfather,1972,1974,1990) películas que hay que ver por lo menos,no una vez en la vida,sino una vez al año. Yo lo llevo haciendo desde que las descubrí y siempre las disfruto como la primera vez. Personalmente creo que es por mucho lo mejor que se ha hecho en el cine , especialmente las dos primeras.

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Nada más,bueno,en realidad hay mucho más pero me voy a ver El Padrino.

Sir Christopher Price.

 

 

Una nueva crónica de Preso 9000

Estoy en el patio, son las ocho de la mañana y he salido a hacer un poco de deporte. Tengo que hacerlo ahora porque en una hora estará a rebosar. Miro al cielo y veo una pequeña avioneta rosa. Expulsa un horrible humo negro con el que dibuja la palabra “felicidad”. Continuo con mis ejercicios como si nada mientras en mi cabeza voy dando forma a mi próxima carta. Cuando creo que puedo escabullirme sin levantar sospechas, me voy a mi celda en busca de mi boli y mi cuaderno.

Aquí la relatividad de la felicidad es más evidente que en cualquier otro sitio. Sin libertad, sin más objetivos que aguantar hasta que todo termine y vuelva a nacer. Obligado a vivir continuamente alerta. Solo pero sin intimidad. Aun así he conocido momentos felices. El primero que recuerdo es cuando bebí un largo trago de zumo después de dos días sin ingerir vitaminas. Aunque no sólo he encontrado placer aprendiendo a disfrutar de lo que en mi casa percibía como una necesidad. Aquí he encontrado estímulos intelectuales inesperados. Disfruto mucho de mis conversaciones con Mohamed. Entre los dos buscamos los puntos en común entre la ciencia y el Islam. Hablamos sobre los orígenes del mundo y del hombre, sobre el valor de la vida, sobre el destino y la verdad. Tengo claro que el entendimiento entre personas es posible y pienso que quizá el mundo debiera adoptar este sistema en lugar de hablar de economía nacional a economía nacional. Y me creo muy listo, muy importante y muy feliz.

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También me gusta jugar al ajedrez con Issam. Al principio logré engañarle en algunas jugadas pero ahora pulveriza mi defensa sin piedad una partida tras otra. Quizá algunos no entendáis lo que quiero decir pero en mi escala de valores un buen rival de ajedrez está sólo un poco más abajo que un amigo de confianza.
Puedo ser feliz aquí dentro porque sé que un día todo acabará.

Todo esto me lleva a pensar en que la felicidad no se puede encontrar. Da igual si la buscas o no. Llega con la vida, de repente. Quizá debamos concentrarnos en buscar algo que hacer mientras la esperamos. Si la perseguimos solamente le vemos la espalda. Yo seguiré aquí con mi bolígrafo y mi cuaderno… y me tomare mi tiempo para saludarla cuando la vea pasar.

Elige ser Feliz

De tanto que quiero hablar sobre ‘Felicidad’ me doy cuenta que menos sé cómo empezar. Intento razonar, intento recordar…¡pero nada! ¡No hay tu tía! Al menos esto no me entristece. Aunque eso sí, me confunde. Sí, desde luego que me confunde, por que sé, de alguna manera, que se pueden escribir cositas agradables sobre este tema. También sé que la felicidad no depende de los sentidos. Y es que…no me pone feliz comer uno de los tantos platos favoritos que tengo. En todo caso me sacian, me dejan tranquilo (será por el instinto de supervivencia), me ponen contento, y contento no sólo por el hecho de comerlo, sino por saber previamente que voy a comerlo, sobre todo al olerlo, y ahí entra otro sentido, el olfato. ¿Quién dice que es feliz por oler el perfume de una persona? Lo puede decir claro, pero, ¿no se referirá a que le excita, a que le serena porque le recuerda a cierto sitio, o a cierta persona? Y, ¿qué me decís sobre el oído, la vista y el tacto? ¿Uno puede ser feliz porque haya escuchado tal o cual canción, haya visto a una u otra persona de…ya sabéis… de muy buen ver o haya tocado, por ejemplo, una parte del cuerpo de esa persona que acabo de nombrar?

Hombre, yo recuerdo las veces que he podido disfrutar de una bonita voz y de un bonito cuerpo y no es que estuviese triste precisamente, sabéis lo que quiero decir, ¿no?. Pero no es felicidad lo que sentía…porque cuando se iba, cuando desaparecía de mis sentidos, regresaba el deseo, el anhelo. ¡Equilibrio pues! Puede decir alguien…Y sí, el equilibrio, que curiosamente también es un sentido, es la solución. Pero el equilibrio este que tenemos para no caernos al suelo, no, ¿eh? No, hablo del equilibrio, el de controlar. Ese lo tenemos todos. ¡Qué felicidad saber eso! ¡Qué bien poder elegir! ¡Tenemos la libertad, hermana de la felicidad, para poder hacerlo! O qué pasa, ¿que una persona no sabe lo que está haciendo? ¡Uno sabe lo que le está bien o no! Lo que no es normal es que hoy día, con tanto adelanto y confort, haya tanta duda y tristeza. Tanta ansiedad. ¿O hace falta que recuerde cuánto dinero se factura anualmente gracias a los ansiolíticos? Hay que buscar y aprender a ser feliz no con lo que uno pueda recibir de otra persona u objeto sino con lo que uno puede aportar por sí mismo. Hay que elegir ser feliz no tener felicidad.

Saludos,

Un estudiante