El “yo salvaje”

En esta ocasión el tema que tratamos es una de mis palabras favoritas. Es una palabra muy frecuente y por ello su significado es más difícil de contaminar. Se le han querido dar connotaciones negativas, como cuando se aplica como adjetivo a intolerantes violentos o se une a la palabra “capitalismo”, pero tiene algo puro, esencial, que nos atrae. Palabras como “anarquía” o “caos” dan miedo, implican ir a contracorriente y sin futuros garantizados, tendemos a huir de ellas. Pero lo salvaje lo llevamos dentro todos, latente.

No podemos negar nuestro yo más primario, es como un lobo que nos acompaña toda nuestra vida. Podemos intentar huir de él pero siempre estará acechándonos. O podemos acercarnos poco a poco, ganarnos su confianza y convertirlo en un amigo, aunque nunca estará realmente domesticado. Cuando conectas con tu “yo salvaje” el mundo se simplifica. El dinero pierde todo su poder. Lo único que importa es lo que eres. ¿Y tú quién te crees que eres? Un animal, un ser. Soy un grupo de células que luchan por sobrevivir y reproducirse. Cuando acepto que no soy nada, se esfuman todos mis problemas.

Desgraciadamente estamos obligados a ser alguien o a fingir que lo somos, a volver a la mentira, a volver a Matrix para alimentar a la máquina. Es cierto que existe una alternativa: convertirse en un marginado, convivir con tus instintos, someterse solo a las leyes naturales y olvidarse de la justicia artificial que otros hombres, iguales a ti, han creado. Pero vivimos en democracia, esas leyes artificiales las hemos acordado entre todos. Podríamos entrar a discutir lo que significa acordar y democracia pero voy a elegir el camino corto. Yo no he decidido nada. Soy un hombre tan dueño de mí mismo como aquellos que redactaron la constitución y como aquellos que la cambian cuando les viene bien. Sus leyes tienen tanta fuerza como sus cañones y sus medios de información pero legitimidad… sobre mí, ninguna. Ética, y pasión son las únicas leyes dignas de ser seguidas. La pasión nos viene de serie. ¿Y la ética? ¡Ya me la cocino yo en mi casa, gracias!

Quien tiene esta convicción se queda fuera de la sociedad. Es el marginado, el animal, el salvaje… Enfrente están los civilizados, disfrazados de ciudadanos felices, señalándole. Llamadle salvaje, y se sentirá honrado, pero no llaméis igual a vuestras guerras ni a vuestro sistema económico. Eso es estupidez o majadería.

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