¿Son tan negras las guerras?

En nuestra cultura, lo negro se traduce como siniestro. Lo blanco es lo puro. Pero en lugar de profundizar en temas espirituales voy a introducirme en algo más terrenal. Voy pues a seguir al pie de la letra eso de “lo negro es lo siniestro” y voy a relacionar lo negro con lo que considero más oscuro: las guerras (tanto las que tiene uno consigo mismo como las que surgen entre los vecinos).

Así de primeras, y sirviéndome de la Historia del Arte, me vienen a la mente los dadaístas, quienes renegaban de la misma humanidad, pues pensaban que ésta, al permitir la Primera Guerra Mundial, era decadente y merecía la más absoluta repulsa. Decadente no sólo la opinión de la masa en favor de la guerra, sino “el discurso oficial” promovido por los gobiernos: un discurso clasista y nacionalista prebélico. Sí pues tal discurso prometía el progreso técnico, social y económico pero se convirtió en destrucción, odio y miseria. Y claro, seguidamente recuerdo al surrealismo, que también se posiciona contra el discurso oficial y menosprecia la propaganda política de posguerra, propaganda que, según ellos, eran frases huecas. Y es que, si el dadaísmo niega, el surrealismo es el paso de la negación a la afirmación. Sí, porque los surrealistas no sólo denuncian y satirizan, también desean crear una nueva humanidad. ¿Cómo? volviendo a unir lo irracional y lo racional del ser humano.

Grito-de-MunchEsto me lleva a mencionar un estilo precedente a los dos mencionados: el expresionismo. Aquí el tema de los cuadros son los estados mentales, que son tan potentes que ya todo queda irremediablemente distorsionado. Así vemos que los rostros se muestran tristes y desfigurados, como en El Grito de Edvard Munch, donde el artista muestra la desesperación de la existencia humana, el horror del aislamiento. Todo en el cuadro hace que la mirada de espectador se centre en el grito, es decir, en lo que hay en su interior. Y así llego al final, mintiendo en eso de no mencionar lo espiritual, pues vemos que de lo que se trata es de unir los contrarios, no de separarlos, pues eso sí sería entrar en un conflicto.

Un estudiante

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